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La enfermedad se entiende como el resultado de fuerzas desconocidas o espíritus (benignos o malignos), un castigo divino, o un estado de purificación de la fe religiosa. Este modelo ha personificado las enfermedades, considerándolas castigos o dándoles un significado moral, llevando a la noción de enfermedades "malas" (como la lepra o la sífilis, que estigmatizaban) y "buenas" (como la tuberculosis ligada al romanticismo o la gota como insignia de un caballero).