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Época prehistórica y primeras civilizaciones: Las enfermedades se atribuían a fuerzas sobrenaturales, castigos divinos o maleficios lanzados por enemigos. Se practicaban rituales mágicos para ahuyentar los males.
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Culturas de la Antigüedad (Mesopotamia, Egipto, Grecia primitiva): La enfermedad se concebía como resultado de la ira de los dioses o espíritus malignos. Los sacerdotes actuaban como intermediarios, aplicando exorcismos, sacrificios y plegarias.
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Civilización babilónica y periodo helénico: Se creía que los astros y fenómenos cósmicos (eclipses, fases de la luna, posiciones planetarias) influían en la salud y generaban enfermedades. La astrología médica fue parte de este enfoque.
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Hipócrates (siglo V a.C.) y Galeno (siglo II d.C.): La enfermedad se entendía como un desequilibrio de los cuatro humores del cuerpo (sangre, bilis amarilla, bilis negra y flema). El tratamiento buscaba restaurar la armonía mediante dietas, sangrías o purgas.
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Edad Media – Renacimiento: Se atribuía el origen de las enfermedades a los “miasmas” o aires corrompidos emanados de basuras, aguas estancadas y cadáveres. La peste negra se explicaba bajo esta teoría.
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Siglo XIX – Pasteur y Koch: La enfermedad se explicó científicamente por la acción de microorganismos específicos. Se establecieron los postulados de Koch como base para demostrar la relación causal entre un microbio y una enfermedad.
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Siglo XVIII y primera mitad del XIX (1755–1850): Tillet (1755) y Prévost (1807) demostraron que hongos como el carbón del trigo eran agentes causales; Agostino Bassi (1835) probó que un hongo causaba la muscardina en gusanos de seda. Esto antecedió a los hallazgos de Pasteur.
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Siglo XX en adelante: Se desarrollan explicaciones integradoras que incluyen factores genéticos, ambientales y sociales como causas de enfermedad, tanto en humanos como en plantas.