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Probablemente Ignacio de Loyola nació en está época en el castillo Loyola en Azpeitia, población de Guipúzcoa, cerca de los
Pirineos. -
Juan Velásquez de Cuellar, Contador Mayor del Rey Fernando el Católico, ofreció a la familia Loyola recibir en su casa a uno de sus hijos para formarlo en el seno de hogar. El elegido fue el menor de los trece hermanos, que no tenía posibilidades de obtener una mínima educación.
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Durante la lucha en defensa del castillo
de Pamplona, una bala de
cañón le rompió la pierna. -
Se retiró inicialmente a hacer penitencia y oración en Montserrat y Manresa, donde empezó a elaborar el método ascético de los Ejercicios espirituales.
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Ya con 23 años, comenzó a estudiar para poder afrontar mejor su proyecto de apostolado, partiendo en peregrinación a Tierra Santa.
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Le prohibieron la predicación, interrumpiendo sus estudios. En España, una piadosa dama de Barcelona, llamada Isabel Roser, le asistió mientras estudiaba la gramática latina en la escuela. Ignacio tenía entonces treinta y tres años, y no es difícil imaginar lo penoso que debe ser estudiar la gramática a esa edad.
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Se graduó como maestro de Artes. Consiguió reunir un grupo de seis compañeros a los que comunicó sus ideas y con los que sembró el germen de la Compañía de Jesús, haciendo juntos votos de pobreza y apostolado en la Cueva de Montmartre.
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Poco después, hubo de interrumpir sus estudios de teología, pues el médico le ordenó que fuese a
tomar un poco los aires natales, ya que su salud dejaba mucho que desear. Ignacio partió de París, en la primavera, su familia le recibió con gran gozo, pero el santo se negó a habitar en el castillo de Loyola y se hospedó en una pobre casa de Azpeitia. -
San Ignacio de Loyola consiguió reunir un grupo de seis compañeros a los que comunicó sus ideas y con los que sembró el germen de la Compañía de Jesús, haciendo juntos votos de pobreza y apostolado en la Cueva de Montmartre. Ante la imposibilidad de marchar a hacer vida religiosa en Palestina, por la guerra contra los turcos, se ofrecieron al papa Pablo III, quien les ordenó sacerdotes
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En los años siguientes se dedicaron al apostolado, la enseñanza, el cuidado de enfermos y la definición de una nueva orden religiosa, la Compañía de Jesús, cuyos estatutos aprobó el papa nombrándolo para estudiar el asunto se mostró adversa al principio, con la idea de que ya había en la Iglesia bastantes órdenes religiosas.
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Ignacio fue elegido primer general de la nueva orden y su confesor le impuso, por obediencia, que aceptase el cargo. Empezó a ejercerlo el día de Pascua.
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San Francisco de Borja regaló una suma considerable para la construcción del Colegio Romano.
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Las Constituciones que Ignacio la configuraron como una orden moderna y pragmática, concebida racionalmente, disciplinada y ligada al papa, para el cual resultaría un instrumento de gran eficacia en la reconquista de la sociedad por la Iglesia en la época de la Contrarreforma católica.
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Durante los quince años que duró el gobierno de San Ignacio, la orden aumentó de diez a mil miembros y se extendió en nueve países europeos, en la India y el Brasil. Como en esos quince años el santo había estado enfermo quince veces, nadie se alarmó cuando enfermó una vez más. Murió sin haber tenido siquiera tiempo de recibir
los últimos sacramentos. -
Muerto Ignacio, le sucedió como general de los jesuitas su más estrecho colaborador, el castellano Diego Laínez, además, fue canonizado y Pío XI le proclamó patrono de los ejercicios espirituales y retiros.