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Los descubrimientos arqueológicos hallados en la Península Ibérica en las últimas décadas confirman la importancia de este territorio para explicar la antigüedad de los primeros pobladores europeos, llegados desde el continente africano.
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A través del Mediterráneo empezaron a llegar a las costas levantinas fenicios, griegos y cartagineses, mientras pueblos indoeuropeos penetraban a través de los Pirineos y se establecieron en el norte y centro peninsular. Todo ello ayudó a difundir la metalurgia del hierro y la escritura, comenzando una etapa conocida como protohistoria.
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Durante este tiempo, la Península fue un territorio más de un imperio que abarcaba las tierras que bordeaban el Mediterráneo.
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La presencia de un pueblo bárbaro, los visigodos, daría
origen, tras la definitiva desaparición del Imperio, al reino visigodo, que permaneció en la Península
hasta la invasión musulmana. -
La invasión musulmana, dividió la Península Ibérica en dos partes, con unos cambiantes límites geográficos y con dos modelos de sociedad bien diferenciados. Por un lado, la formación de Al-Andalus y, por otro lado, los distintos condados y reinos cristianos
del norte peninsular. -
El norte peninsular quedó fuera del dominio islámico y allí se formaron los primeros núcleos de resistencia, que se constituyeron en reinos y condados independientes.
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Se considera el origen del Estado moderno en España: se sentaron las bases del poder de la Corona y se inició una
expansión territorial de gran trascendencia futura. Posteriormente se consolidó el Imperio español en Europa y América. Más tarde, el Imperio fue acumulando graves problemas que condujeron a una profunda crisis y a la pérdida de la hegemonía española en Europa, consumada al morir el último monarca de la casa de Austria, Carlos II,
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