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Los talleres de la Velo-Granell se encontraban junto al mercado del Borne. -
Una
tarde a finales de octubre nos sentamos en el alféizar de una ventana del segundo
piso a contemplar las luces lejanas del Tibidabo. -
Todos los lunes acompaño a Germán al médico, al
hospital de San Pablo, por eso estábamos fuera. No es un buen día para visitas. -
Cuando reparé en él, lo abrí. Contenía una tarjeta
envejecida. En ella podía leerse una dirección: Mijail Kolvenik
Calle Princesa, 33, 4.o -2.a -
El carruaje se alejó
a toda velocidad entre el tráfico del Paseo Colón, en dirección a las Ramblas,
hasta perderse. -
Las torres de la catedral se distinguían en la distancia y la
montaña de Montjuïc emergía a lo lejos. -
Me acompañó hasta la calle y allí se despidió,
sin preguntarme dónde había estado. Le vi alejarse por el Paseo Colón. El humo
de su cigarrillo intacto le seguía como un perro fiel. -
Por entonces y o era un muchacho de quince años que languidecía entre las
paredes de un internado con nombre de santo en las faldas de la carretera de
Vallvidrera. -
Mi colegio se
alzaba en lo alto de una calle que trepaba desde el Paseo de la Bonanova. -
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Quince años más tarde, la memoria de aquel
día ha vuelto a mí. He visto a aquel muchacho vagando entre las brumas de la
estación de Francia y el nombre de Marina se ha encendido de nuevo como una
herida fresca. -
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A menudo mi ruta me llevaba por lo que entonces se llamaba el desierto de
Sarriá, que no era más que un amago de bosque perdido en tierra de nadie. -
Mi inesperado
desay uno consistió en cruasanes que la joven había traído de la pastelería Foix,
en la Plaza Sarriá. -
Mi inesperado
desay uno consistió en cruasanes que la joven había traído de la pastelería Foix,
en la Plaza Sarriá. -
Descendimos hasta el
Paseo de la Bonanova y, desde allí, giramos en dirección a San Gervasio. -
Más allá, un jardín encantado poblado por lápidas,
cruces y mausoleos enmohecidos palidecía bajo sombras azuladas. El viejo
cementerio de Sarriá. -
Una vez llegamos a la calle Dr. Roux, Marina giró a la derecha. Descendimos
un par de manzanas hasta un pequeño sendero sin asfaltar que se desviaba a la
altura del número 112. -
Pasado Blanes, una señal nos anunció la villa costera de Tossa de
Mar. Me volví a Marina y ella me guiñó un ojo. -
Pasado Blanes, una señal nos anunció la villa costera de Tossa de
Mar. Me volví a Marina y ella me guiñó un ojo. -
CADÁVER HALLADO EN UN TÚNELDE ALCANTARILLADO DEL
BARRIO GÓTICO
(Barcelona) Gustavo Berceo, redacción. -
Me encontré en un callejón oscuro del Raval. Era tan estrecho que podía
tocar ambos lados con sólo extender los brazos. -
La habitación era un largo rectángulo donde la luz se evaporaba antes de
tocar el suelo. Desde los ventanales, la avenida de Gaudí se extendía hacia el
infinito. -
Tomamos el metro hasta la Plaza Cataluña. Empezaba a caer la tarde cuando
ascendimos por las escaleras que daban a la boca de las Ramblas. -
No giró hasta la calle Fernando, en dirección a la Plaza de San Jaime.
Vislumbré un teléfono público entre los pórticos de la Plaza Real. -
Cojo un taxi en un segundo. Si pasa algo, echas a correr. No pares
hasta llegar a la comisaría de Vía Layetana. -
Un centenar de metros más abajo, decenas de calas y recodos
inaccesibles trazaban una ruta secreta entre Tossa de Mar y la Punta Prima, junto
al puerto de Sant Feliu de Guíxols, a una veintena de kilómetros. -
Tras la boda, la pareja planeaba trasladarse a una mansión de ensueño que
Kolvenik estaba haciéndose construir junto al parque Güell. -
Nuestros
pasos nos dirigieron hacia el parque de Santa Amelia, en la frontera con el barrio
de Pedralbes.