Ignacio de Loyola

  • 1491

    San Ignacio

    nació probablemente, en 1491, en el castillo de
    Loyola en Azpeitia, población de Guipúzcoa, cerca de los
    Pirineos. Su padre, don Bertrán, era señor de Ofiaz y de Loyola,
    jefe de una de las familias más antiguas y nobles de la región. Y
    no era menos ilustre el linaje de su madre, Marina Sáenz de
    Licona y Balda. Iñigo (pues ése fue el nombre que recibió el
    santo en el bautismo).
  • May 20, 1521

    Carrera militar

    Iñigo luchó contra los franceses en el
    norte de Castilla. Pero su breve carrera militar terminó
    abruptamente el 20 de mayo de 1521, cuando una bala de
    cañón le rompió la pierna durante la lucha en defensa del castillo
    de Pamplona. Después de que Iñigo fue herido, la guarnición
    española capituló.
  • 1523

    Tierra Santa

    En febrero de 1523, Ignacio por fin partió en peregrinación a Tierra Santa. Pidió limosna en el
    camino, se embarcó en Barcelona, pasó la Pascua en Roma, tomó otra nave en Venecia con
    rumbo a Chipre y de ahí se trasladó a Jaffa.
  • 1524

    De nuevo en España

    En 1524, llegó de nuevo a España, donde se dedicó a estudiar, pues "pensaba que eso le
    serviría para ayudar a las almas". Una piadosa dama de Barcelona, llamada Isabel Roser, le
    asistió mientras estudiaba la gramática latina en la escuela. Ignacio tenía entonces treinta y
    tres años, y no es difícil imaginar lo penoso que debe ser estudiar la gramática a esa edad.
  • 1528

    Salamanca

    Ignacio se trasladó entonces con sus compañeros a Salamanca. Pero pronto fue
    nuevamente acusado de introducir doctrinas peligrosas. Después de tres semanas de prisión,
    los inquisidores le declararon inocente. Ignacio consideraba la prisión, los sufrimientos y la
    ignominia como pruebas que Dios le mandaba para purificarle y santificarle. Cuando recuperó
    la libertad, resolvió abandonar España. En pleno invierno, hizo el viaje a París, a donde llegó
    en febrero de 1528.
  • 1534

    Estudios en París

    Pero el maestro Peña juzgó que con aquellas prédicas impedía a sus compañeros estudiar y predispuso contra Ignacio al doctor Guvea, rector del colegio, quien condenó a Ignacio a ser azotado para desprestigiarle entre sus compañeros. Ignacio no temía al sufrimiento ni a la humillación, pero, con la idea de que el ignominioso castigo podía apartar del camino del bien a aquéllos a quienes había ganado, fue a ver al rector y le expuso modestamente las razones de su conducta.
  • 1535

    El señor le da compañeros

    Las palabras fervorosas de Ignacio, llenas del Espíritu Santo, abrió los corazones de algunos compañeros. Movidos por las exhortaciones de Ignacio, aquellos fervorosos estudiantes hicieron voto de pobreza, de castidad y de ir a predicar el Evangelio en Palestina, o, si esto último resultaba imposible, de ofrecerse al Papa para que los emplease en el servicio de Dios como mejor lo juzgase.
  • 1550

    Un baluarte de verdad y orden ante el protestantismo

    . En 1550, San
    Francisco de Borja regaló una suma considerable para la construcción del Colegio Romano.
    San Ignacio hizo de aquel colegio el modelo de todos los otros de su orden y se preocupó por
    darle los mejores maestros y facilitar lo más posible el progreso de la ciencia. El santo dirigió
    también la fundación del Colegio Germánico de Roma, en el que se preparaban los sacerdotes
    que iban a trabajar en los países invadidos por el protestantismo.