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Nací el viernes 20 de diciembre de 2002 en la tarde; aunque no fui planeada toda mi familia esperaba mi llegada porque seria la primera hija, nieta y sobrina.
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A los 2 años heredé de mi madre a mi primer muñeco de trapo, al que le puse por nombre Nicolás.
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A los 6 años ingrese a kínder y ese mismo año nacieron mis hermanos mellizos, David y José Daniel Acosta Palacios.
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A los 7 años gané mi primera medalla de excelencia académica, luego de quedar en el primer puesto de mi clase; eso estuvo relacionado con bastante esfuerzo y dedicación.
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A los 8 años empecé a competir en carreras de atletismo; mis entrenamientos eran bastante fuertes y yo requería mucha disciplina.
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Cuando tenía 11 años ingrese a la escuela secundaria, mi etapa de adolescencia fue un tanto compleja porque en ella me enamoré, tuve mi primer corazón roto, descuide la escuela y tuve malas calificaciones pero crecí. Eso estuvo relacionado con problemas de depresión y baja autoestima, por lo que terminé en terapia para gestionar lo que me estaba ocurriendo y reaprender lo que al parecer había olvidado en cuanto a dignidad, amor propio, integridad y carácter se refiere.
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Al mismo tiempo, durante mi 2019 murió mi perro Baxter y luego de un proceso difícil de duelo, en mi cumpleaños, me regalaron a Scott.
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A lo largo de mi vida quise ser músico, profesora de biología y bióloga marina, criminalista y finalmente abogada. Fue estando en once cuando descubrí mi vocación por el Derecho pero decidí estudiar inglés en lo que llegaba el momento correcto para estudiar dicha carrera, en el ánimo de no tomar una decisión equivocada.
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Luego inicio la pandemia y no pude continuar con mis clases de inglés pero durante ella decidí hacer un técnico en Seguridad y Salud en el Trabajo e inicie otro en Auxiliar Judicial de Tribunales. Esta etapa estuvo relacionada con valores como la superación, la responsabilidad, el esfuerzo, el sacrificio y por supuesto la resiliencia porque fue un periodo emocionalmente complejo y quizá alude al proceso que más desarrollo personal trajo a mi vida.
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En junio de este año decidí inscribirme a la Universidad Colegio Mayor de Cundinamarca para estudiar leyes y pase en el momento justo porque no era en mi tiempo sino cuando estuviese preparada y fue una decisión acertada. Amo la carrera y espero recorrerla con sabiduría, pasión, coraje, tenacidad, compromiso, curiosidad y calidad.
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Un corazón roto, retos académicos y emocionales, cicatrices existenciales y procesos de vida complejos contribuyeron a la construcción de quien soy hoy. Espero florecer en medio de una autoestima saludable, responsabilidad afectiva, empatía, amor, libertad, lealtad, respeto, tolerancia, honestidad, vocación de servicio y demás valores que se han unido a mi sistema de creencias.