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Señala al respecto deficiencias como las siguientes: muchas de las teorías no son falseables, tienen dudosa validez ecológica y no consideran el contexto en el que tienen lugar las conductas inteligentes.
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Desde un punto de vista científico, a finales del siglo XIX, empezaron a construirse las primeras teorías psicológicas, pero solo en el siglo XX el término comenzó a ser empleado en el mundo científico, como resultado de la aplicación y aceptación de los resultados de las pruebas de inteligencia.
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Las clasificó en implícitas y explícitas, entendiendo como implícitas las elaboradas por personas que no han investigado sobre el tema, de modo que sus aseveraciones no tienen respaldo científico y se consideran propias del sentido común. Las teorías explícitas, en cambio, son producto de investigaciones que han utilizado pruebas que, se supone, miden el funcionamiento intelectual.