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• Los rasgos más generales
hasta este momento, el pensamiento más generalizado era el denominado “Teocentrismo” (el centro de todo es Dios). Como se mencionaba anteriormente, todo giraba en torno al imaginario de la voluntad de Dios: conocimiento, naturaleza, historia,
destino, ética, etc. En aquel paradigma el cambio no se contemplaba porque todo ya estaba dado. -
Se realizó un cambio paradigmático y revolucionario en las estructuras de pensamiento
social, pues, al poner al ser humano como centro y motor de la construcción de lo social
(Antropocentrismo), se puso en marcha una serie de eventos que marcaron el desarrollo del conocimiento científico, el florecimiento de las artes, el cambio en las técnicas de producción y las nuevas invenciones tecnológicas. -
Leonardo Da Vinci
Shakespeare
Galileo Galilei
Nostradamus -
Los problemas sociales de ese entonces, las enfermedades, las hambrunas y las injusticias no estaban sujetas a un destino que no se pudiera cambiar. Por el contrario, el intelecto y la creatividad humana serían los insumos necesarios para lograr entender cómo funciona el mundo y cómo cambiarlo. -
Este segundo humanismo de Lévi-Strauss transcurre durante el siglo XIX y primera mitad del siglo XX.
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Con la expansión de los territorios que hacían parte de las colonias de las naciones europeas y con el fortalecimiento del mercado internacional que conectó a oriente y occidente, Europa se había consolidado como el centro de la cultura y la civilización “universales”. Existía un conocimiento: el científico; y una racionalidad superior: la europea, la cual se definió heredera del pensamiento de la antigua Grecia y Roma -
Durante la colonización, nos encontramos con otras culturas, sofisticadas y complejas como la cultura china, incluso más antigua que la tradición europea grecorromana. Otros grupos humanos con historias y formas de vida sociales más armonizadas con la naturaleza, como las culturas africanas o americanas. -
Lévi-Strauss
Friedrich Wilhelm Nietzsche
Georg Friedrich Daumer
Arthur Schopenhauer -
Si bien la modernidad estableció que, para convivir en la sociedad había que ser de cierta manera específica, este humanismo plantea el desafío de reconocer y aceptar la diferencia como elemento sustantivo de la realidad social. Aunque todos debemos ser iguales en derechos, hay que reconocer que somos diferentes en las maneras como vivimos, entendemos el mundo y nos movemos en él. -
Las revoluciones de independencia desarrolladas principalmente en el siglo XIX, dieron pie al nacimiento de nuevas naciones independientes.
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Este humanismo democrático se configura en torno a la pregunta social de nuestros tiempos: En medio de la globalización y la pluralidad, ¿cómo crear espacios de convivencia en medio de la diferencia? De hecho, si observamos bien, podemos darnos cuenta que las grandes tensiones políticas de nuestra realidad actual, se encuentran basadas entre dos grandes facciones: los grupos que siguen mirando hacia atrás y consideran que hay una sola forma de ciudadanía y de sociedad. -
Construir democracia desde el supuesto que todos somos iguales es muy diferente a construir partiendo del hecho que somos distintos y nos reconocemos como miembros
de colectividades con rasgos y derechos particulares. -
El problema básico no radicaba puntualmente en el atraso o la pobreza, sino en la diversidad de grupos humanos que la conformaban. La experiencia de estas nuevas naciones, entre ellas la nuestra, se ha construido entre la tensión de “querer ser desarrollados” como los países más poderosos y reconocer, incorporar y construir desde la diferencia, en medio de la multiculturalidad y la pluralidad ciudadana.
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