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Aunque el tungsteno se identificó como el material ideal por su altísimo punto de fusión ((3422) °C), al principio era muy difícil de trabajar porque es un metal muy quebradizo.
William Coolidge, trabajando para General Electric, inventó el tungsteno dúctil. Logró convertir el metal en un hilo extremadamente fino y resistente. Esta es la fecha en la que la bombilla de tungsteno se volvió realmente práctica para el mundo. -
Durante casi 100 años, el tungsteno no tuvo rival. Desde la iluminación de las calles hasta las lámparas de noche en los hogares, el diseño de Coolidge fue el estándar global.
El fin de la "era del tungsteno" no ocurrió porque el material fallara, sino por su ineficiencia energética (el 90% de la energía se pierde en forma de calor y solo el 10% es luz).
La mayoría de los países (Unión Europea, EE. UU., Argentina, etc.) comenzaron a aprobar leyes para prohibir la fabricación de bombillas. -
Una vez que el filamento de tungsteno fue confiable, los científicos buscaron formas de que la luz no fuera solo amarillenta y que las bombillas no se fundieran tan rápido.
Marvin Pipkin inventó la bombilla esmerilada (mate). Antes, el cristal era transparente y el filamento lastimaba los ojos; el acabado mate suavizó la luz para los hogares. -
Los ingenieros de GE descubrieron que añadiendo un gas halógeno (como yodo o bromo) dentro de una bombilla de tungsteno pequeña, ocurría un ciclo químico que "reparaba" el filamento mientras brillaba.
Resultado: Bombillas mucho más pequeñas, más blancas y más potentes, ideales para faros de coches y estudios de cine.