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El estudio del lenguaje estaba dominado por conjeturas filosóficas y no había una comunidad de investigadores que cuestionara la relación entre mente y lenguaje, en
cambio, creían que el corazón era el asiento del alma y el
depósito de la memoria, una visión ampliamente compartida por el filósofo griego Aristóteles (384-322 a.c) – una posición un tanto sorprendente dado que era estudiante en la Academia de Platón y que Platón (427–347a.c) creía que el cerebro era la sede de la inteligencia.