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John Maynard Keynes escribió "La teoría general" en 1936. Argumentó que la intervención del gobierno era necesaria para estabilizar la economía en tiempos de recesión económica. Keynes abogó por políticas como el estímulo fiscal, incluido el gasto público y los recortes de impuestos, para impulsar la demanda agregada. El modelo keynesiano se convirtió en la teoría económica dominante del período de posguerra y guió la política económica hasta la década de 1970.
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En la década de 1970, la economía neoclásica surgió como una alternativa a las ideas keynesianas. Los economistas neoclásicos rechazaron las políticas keynesianas, argumentando que la intervención del gobierno podría generar ineficiencias en el mercado. Se centraron en la eficiencia del mercado y el comportamiento individual, enfatizando la importancia de los mercados libres y la mínima intervención del gobierno.
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La economía neoclásica se basa en el supuesto de que los individuos actúan racionalmente para maximizar su propia utilidad o satisfacción. Este principio se aplica a diversas decisiones económicas, como el consumo y la inversión. Otro principio clave es el análisis marginal, que implica analizar los beneficios y costos de cada unidad adicional de un bien o servicio.
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La evolución de la macroeconomía está en curso, con el surgimiento de otras teorías e ideas económicas. La economía del comportamiento incorpora conocimientos psicológicos en la toma de decisiones económicas. Además, la economía ecológica enfatiza la importancia de la sustentabilidad y los recursos naturales en los sistemas económicos. El futuro de la macroeconomía es incierto y puede ser necesaria una combinación de diferentes teorías económicas para la elaboración de políticas efectivas.
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La crisis financiera de 2008 condujo a un interés renovado en la economía keynesiana en el siglo XXI. Los economistas keynesianos modernos han desarrollado nuevos modelos e ideas, como el modelo neokeynesiano, que incorpora ideas neoclásicas. Estos modelos enfatizan la importancia de la política monetaria, incluidas las tasas de interés y la inflación, para estabilizar la economía.
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El debate entre la economía keynesiana y la neoclásica continúa, y algunos argumentan que una combinación de ambas teorías puede ser necesaria para la elaboración de políticas efectivas. Aunque las políticas keynesianas pueden ser efectivas para estabilizar la economía, tienen limitaciones. Las políticas keynesianas pueden conducir a la inflación, ya que el aumento del gasto público puede estimular la demanda, lo que lleva a precios más altos.
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Las políticas keynesianas pueden no ser siempre eficaces, ya que la eficacia de la intervención del gobierno puede variar según el contexto económico específico. La economía neoclásica también tiene sus defectos. Es posible que no aborde adecuadamente la desigualdad de ingresos, ya que prioriza la eficiencia del mercado sobre el bienestar social.